Miguel Abuelo


"Hola hola hola hola hola hola…", me dijo sin parar y así, reiteradas veces, Miguel Abuelo al atender el teléfono aquel otoño del 87 cuando junto con un amigo lo llamamos a su casa. Era un lunes por la tarde y el sábado anterior se había presentado cerca de mi barrio, en el Teatro Fénix, de Flores, con su histórica banda, Los abuelos de la nada. A nuestros 15 años lo admirábamos. Conocíamos de memoria cada una de sus canciones y nos encerrábamos en cuartos de adolescentes a hablar de chicas y de fútbol mientras las escuchábamos.

Por esos tiempos Los abuelos estaban de capa caída. Acababan de sacar un disco muy bueno como Cosas mías pero ya no eran lo mismo que cuando estaban Calamaro, Cachorro López o Gustavo Bazterrica y convocaban multitudes. Poca gente iba ya a ver a esa banda que vivía de éxitos anteriores y buscaba mantener la cabeza a flote mientras el agua la tapaba.
Abuelo nos habló de ese recital al que nuestros padres no nos habían dejado ir y contó lo que sentía todavía, rondando los 40, al cantar en vivo. Del otro lado de la línea, lo imaginábamos moviéndose en el escenario como pocos y cantando con unas ganas increíbles; poniendo garra y corazón al soltar cada una de sus poesías.
Un año después –el 26 de marzo se cumplieron 21- me enteraba al leer la tapa dominguera del Clarín que el día anterior se había muerto. Se hablaba de sida, que a mediados de los 80 era poco menos que una mala palabra.
Los abuelos estaban, definitivamente, cuesta abajo si a éxitos se refiere. Había quedado un nuevo disco a medio camino y un par de canciones interesantes que presentaron un tiempo antes en el programa de Juan Alberto Badía, en Canal 13.
Miguel Abuelo fue uno de los mejores poetas que tuvo el rock argentino y, lejos, uno de los más grandes sobre el escenario. Pocos hacían un show como él. Se movía como un quinceañero a pesar de que a su muerte tenía 42. Cantaba como pocos: hay canciones que sólo él podría cantarlas. Le cantó al amor de una manera impresionante con Himno de mi corazón (www.youtube.com/watch?v=rFP73v-E0DE) o Lunes por la madrugada (www.youtube.com/watch?v=591aO_qLe5Y&feature=related), entusiasmó como pocos con No te enamores nunca de aquel marinero bengalí (www.youtube.com/watch?v=agGpVYPAzCk), le dedicó un tema negro a la vida y a sus amigos con Región dura, que fue buenísimo pero no tuvo la difusión merecida. Hizo una de las letras más emotivas, sinceras y poéticas de las que se puedan escuchar: Buen día, día (www.youtube.com/watch?v=MTQRsKRNmSo). Allí desfilan, durante seis minutos, ideas, entusiasmos, filosofías… Y cantó junto a su hijo, Gato Azul, en Mariposas de madera (www.youtube.com/watch?v=LEbZpWTBpjs).
La lista de canciones que dejó es tan enorme como genial. No es el músico más reconocido de nuestra historia rockera, pero a fines de la calidad eso no tiene demasiado sentido.
Miguel Zabaleta, líder de Sueter, otra banda de los 80, definió a Miguel Abuelo así: "En 42 años, vivió más cosas de las que cualquiera de nosotros podrá vivir hasta su vejez". Es que Micke vivía intensamente, se comía la vida, le masticaba hasta la última miga. Viajó por el mundo sin un peso y las pasó todas. Nunca abandonó el placer de escribir o cantar y siempre peleó por ser lo que quería y no por lo que imponía el sistema. Volvió a la Argentina de la mano de Cachorro López, le enseñó a Andrés Calamaro y después se pelearon. Calamaro le dedicó, años después, una interesante canción en Honestidad Brutal. Allí, El Salmón mostraba arrepentimiento y agradecimiento: "Todavía te envidio algunos versos / como aquel de los pedazos rotos / del espejo interior" (www.youtube.com/watch?v=pmsIxXdYvwA).
21 años después su nombre sigue siendo referencia del rock de este lado. El paso del tiempo engrandeció su figura y hoy es, tal vez, más reconocido que cuando estaba vivo. Posiblemente tan vivo como ahora, cuando vive en la memoria de los muchos que lo recuerdan. 

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