sábado, 3 de abril de 2021

“NO TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR”

 

Walter Saavedra (Mar del Plata, 27 de octubre de 1956) es una voz inconfundible del relato futbolero, además de un poeta fértil de verdad. Viene de la vieja escuela del periodismo radial que por más vieja que sea no pierde actualidad. En sus palabras hay pelotas pero también estilo. Como un plateísta que no deja de pertenecer a la tribuna. Sus ideas políticas lo marginaron laboralmente: peronista y popular no siempre está bien visto. Ahora volvió a relatar desde Santa Fe, desde donde sigue las campañas de Colón y Unión, los dos clubes emblemáticos de la provincia, por FM Sol. Ex arquero, hizo periodismo en los mejores tiempos de Radio Mitre y Radio Rivadavia. También publicó libros, leyó relatos. Sus perfil está en su propia página web.

Desde la distancia aceptó preguntas y devolvió respuestas como si fuesen jugadas magistrales de dos jugadores que se conocen desde hace tiempo. En este caso, quien le preguntó no lo conoce personalmente sino gracias a la radio y el fútbol. Luego, la relación se acentuó con las redes sociales, terreno en el que Saavedra se mueve pero hasta ahí. No usa celular ni se conforma con relatar partidos a través de la tele, como se hace ahora. Le gusta salir a la cancha. Acá va, entonces, una pequeña radiografía de un tipo que deja su sello con cada relato.


-¿Cómo vivís este tiempo de encierro? ¿De qué manera te adaptás al relato del fútbol en cuarentena?

-Es todo muy raro, casi de ciencia ficción. Lo vivo con una gran inquietud y, periodista al fin, con una gran curiosidad. Con relación a mi trabajo, que lo hago desde Santa Fe porque estoy relatando las campañas de Colón y Unión, también hay un grado de incomodidad muy grande. Los clubes se han puesto de acuerdo para no permitir el acceso de los medios foráneos, solo los locales. Entonces, cuando relato al visitante, debo hacerlo desde el estudio de la radio apoyado en las imágenes televisivas. Y para mí, relatar fútbol por radio mirando un televisor es como hacer un karaoke en un bar a las dos de la mañana, ponele. Uno se cree que canta pero en realidad está haciendo la mímica.


-¿Cómo te llevás con las tecnologías?

-Bien, además me encantan. No abono aquella teoría de que todo tiempo pasado fue mejor. Me parece que este tiempo es fascinante. Tenés el mundo a un click. Y además hay elementos tecnológicos para aplicar en las transmisiones. Estoy encantado y alerta todo el tiempo ante la eventual aparición de nuevas formas.

 

-¿Por qué no usás teléfono celular?

-Porque no me gusta. Me tomo un colectivo en Puente Saavedra y cuando me bajo en La Boca me enteré de la vida de todas las personas. De sus miserias, de sus fracasos, de su indignación, hasta de las cosas más pueriles. No quiero ser así. Me da pudor hablar por celular en público. Vivimos prometiéndonos un café por teléfono que nunca tomamos, un encuentro que nunca se concreta…


-¿Qué opinión tenés de la situación política y social del país? 

-Me parece muy cruel criticar una acción de gobierno en estos tiempos en que los gobiernos, todos, están más ocupados y preocupados en sobrellevar la pandemia que en gobernar. Siempre aparecen los oportunistas de turno que aprovechan esta penosa contingencia por la que atraviesa la humanidad. La oposición es lamentable. Se está haciendo lo que se puede y seguramente no lo que se debe pero en todo el mundo, no solo aquí. Y la gente la va llevando con una gran entereza, en general.


-¿Con qué fútbol sentís que te encontraste cuando regresó tras la cuarentena? 

-También el fútbol está raro. No en el juego, sino en todo lo que lo rodea. Partidos sin público pero con aliento de mentirita grabado en una cinta sinfín, micrófonos por donde se cuelan las onomatopeyas, gritos de dolor por alguna patada, el sonido de la pelota al rebotar en el caño. Ya los violentos nos habían quitado la mitad de la fiesta cuando se prohibieron los hinchas visitantes. Ahora, ya no hay fiesta. Y en el juego en sí, mucho no cambió, aunque suelen darse resultados favorables a los visitantes en mayor proporción que antes. Algunos dicen que es porque las tribunas están vacías y no hay presiones.


-¿La televisión desplazó a la radio en cuanto al relato de un partido? 

-La tele estaba en dificultades cuando la gente le bajaba el volumen y ponía la radio. Ahora hay un delay que hace imposible seguir el partido de esa manera. Me dijeron que lo hicieron a propósito. De todos modos, la radio –que fue condenada a muerte cuando apareció la televisión y luego las nuevas tecnologías– está vigente, vivita y coleando, adaptándose a los tiempos. Un partido por radio es otra cosa. Tiene otro encanto, otra emoción. Es una competencia dura pero la radio ha sobrevivido. Y lo seguirá haciendo.


-¿Qué te parece el periodismo televisivo actual?

-No miro televisión desde hace mucho tiempo pero si estoy en un bar o en la casa de un amigo y la tele está encendida no puedo sustraerme. No me gusta, aunque sé que me pierdo algunas buenas producciones. Y en lo deportivo, con algunas excepciones, me agrada menos aún. Nuestra profesión se ha farandulizado. Hay un periodismo Radiolandia al que le rinde más decir que el cuatro sale con una ex Gran Hermano en lugar de analizar que el cuatro pasa bien al ataque pero retrocede mal.


-Pasaste momentos duros, sin laburo, a pesar de tener una trayectoria de 40 años. ¿Qué enseñanza y qué sentimientos te dejó esa situación?

-Está muy difícil para tipos como yo trabajar en los medios. Los espacios deportivos los manejan terceros, muchos de ellos te presionan para que vendas publicidad y cobres tu trabajo de ahí. Hay radios manejadas por personas que nada tienen que ver con la profesión. Ya no se viaja. Se transmite mirando el televisor. Pero no desde la pandemia : desde mucho antes. De todos modos es una decisión mía. No transo. A este oficio, como  a cualquier otro, hay que defenderlo, hay que dignificarlo. El 22 de marzo cumplí 40 años como relator. Siempre fui así. Por eso he atravesado con una cierta frecuencia por estas turbulencias y me he quedado sin laburo por espacios de tiempo prolongados.


-¿Por qué una persona que es reconocida en un ambiente como el futbolero de repente se encuentra sin laburo?

-Es una cuestión de dignidad y de ética. Y cuando ya te conocen saben que a uno no le cambiarán su manera de pensar para transformarlo en un animal castrado que obedece con gran mansedumbre. Y entonces no te llaman. Saben la respuesta.


-¿Cuáles fueron los sentimientos que te aparecieron al relatar a los 40 años de trayectoria?

-Encontré una grabación de mi primer partido. Fue Boca–Unión, en 1981. Cuando lo escuché no me reconocí. Era muy joven, sólo había logrado terminar la escuela primaria y mi relato era muy artesanal, casi de autor, te diría. Y me escaseaban las palabras. En eso evolucioné. Y la lectura me ayudó enormemente porque puso palabras en mi boca que desconocía. Me sentí emocionado. Atravesé toda una vida entre gritos de gol, me hice un lugarcito, tengo una familia amorosa y sana, he viajado, coseché buenos amigos…


-¿Quiénes te marcaron y por qué en tu carrera?

-El tema es que no estaba en mis planes ser relator. Yo era futbolista. Atajaba en San Lorenzo de Mar del Plata, mi ciudad. Pero un día me rompieron y ya no pude jugar más. Con los años se cruzó esta profesión en mi camino. A lo mejor me estaba esperando, no lo sé. No tengo referentes. Sí recuerdo lo que escuchaba mi viejo: Fioravanti, Bernardino Veiga… A mí me llamaba la atención Bernardino porque acentuaba el grito de gol en la o y no en la g, como todos los relatores de la época. Y su grito era más estridente y en ocasiones lo repetía.


-¿Algo para decirle a Víctor Hugo, mientras se recupera del covid?

-Mi deseo es que nuevamente esté entre nosotros. Es un hombre necesario.


-¿Qué experiencia te dejó tu actuación en la novela Los buscas, con Echarri y Duplaá?

-En realidad hice de mí mismo. Era el relator porque la historia giraba en torno al fútbol. Me gustó. Fue una sorprendente experiencia compartir días completos con los actores y actrices en el set, con los técnicos, los guionistas…


-Vivimos un tiempo raro por la muerte de Diego. ¿Qué sentiste al enterarte y qué significó o significa Diego para vos?

-La muerte de Maradona fue un mazazo. Diego fue un poeta, pero un poeta guerrillero, combativo, un Paco Urondo del fútbol. Vivió en un estado de insurgencia permanente. Y su más grande poema lo escribió para todos los tiempos en el Azteca de México. Tuve una linda relación con él en los años ochenta, sobre todo. Solía hacerse una escapada a Mar del Plata de tanto en tanto y si me enteraba lo iba a buscar para  una nota. Sin él, estamos condenados a jugar con diez el resto de nuestras vidas.


-En una entrevista reciente con Cadena Xeneize dijiste: “Nunca hice plata en esta profesión, si no laburo no morfo. No es cuestión de dinero, es un tema de ética, convicciones, las libertades”. A veces se cree que los relatores conocidos tienen la vaca atada. ¿Podés desarrollar la situación?

-Nunca me interesé por el dinero. Alguna vez rechacé una propuesta muy conveniente. Siempre necesité estar en un sitio donde me permitieran batir las alas, no encerrado en una jaula de oro. Tampoco he trabajado en la tele, salvo una excepción, aunque he tenido ofrecimientos. Y ahí se puede ganar buen dinero. Soy feliz haciendo radio. Curiosamente tengo problemas de comunicación pero cuando se enciende la luz del estudio las palabras me salen a borbotones.


-¿Qué es la ética? ¿Y la radio?

-La ética es no renunciar a los valores que uno tiene, no traicionar sus convicciones… Es mirarse al espejo sin parpadear de pudor. Y la radio es la banda de sonido de mi vida. Y me la salvó. Yo era un muchacho sin recursos, rodeado de peligrosas tentaciones, con amigos que aún siendo muy jóvenes ya estaban jugados. Me rescató de ese hondo bajofondo donde el barro se subleva. Me dio una vida.


-¿Qué te significan Boca y River?

-Boca es algo muy fuerte para mi, poderoso. Soy hincha, siempre lo he dicho, desde que comencé… Relaté la campaña durante algunos años. Fue alucinante. Y River es esa necesidad que tiene Boca. Y viceversa. Se necesitan. Han crecido juntos.


-Tenés el pelo largo, como un rockero de los de antes. ¿Por qué? ¿Qué música te gusta escuchar?

-Tal vez tiene que ver con una cierta rebeldía. Soy muy setentista, atravesé aquella larga noche, corrí peligro. Por lo general siempre tuve el pelo largo. No me veo de otra forma. Y era muy rockero, si. Sobre todo del rock nacional. Soy fan de Spinetta. Hoy escucho también toda la música popular de Latinoamérica. Me identifica.


-¿Lecturas?

-Me gusta mucho la poesía. Nicanor Parra, por caso. Y me gusta Cortázar. Y Saer. Soy lector por una cuestión de necesidad.


-¿Un sueño?

-Relatar a la selección argentina ganando un Mundial. Estuve cerca en Brasil. Para mi relatar fútbol es leer en voz alta lo que los jugadores escriben con los pies.


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miércoles, 24 de marzo de 2021

EL ORO Y EL MAR


Se acaba de publicar la biografía del regatista Santiago Lange, medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en 2016. Se titula Viento y cuenta sobre cómo superó un cáncer y su infancia influenciada por la rigidez de la educación paterna en tiempos de la dictadura.

(Por Alejandro Duchini). “Éramos dos sobrevivientes recién salidos del infierno de los quirófanos y el cáncer -ella sin pelo, yo sin voz- y nos abrazamos aliviados”. Santiago Lange, medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 junto a Cecilia Carranza, había superado el cáncer de pulmón un año antes. Paralelamente, su hermana Inés padeció la misma enfermedad, pero de mamas. 16 quimioterapias ella, vueltas y vueltas hasta aceptar la operación en el caso de él. En 2015 se juntaron para abrazarse en una estación de servicio en Buenos Aires. Ella se iba para Italia y él estaba con un pie en Río. La descripción de ese momento es una de las partes emotivas en el libro Viento - La travesía de mi vida, para el que el deportista de 59 años le contó su vida al periodista Nicolás Cassese. 

Casi 300 páginas de detalles íntimos y deportivos. Un año después de aquel abrazo con su hermana, y recuperado, conquistó la medalla dorada junto a Carranza en la categoría Nacra 17. Tenía 54 años y una gran experiencia olímpica previa. Dos medallas de bronce junto a Carlos Espínola en los Juegos de Atenas 2004 y Pekín 2008. Además había participado en los de Seúl 1988, Atlanta 1996 y Sídney 2000. “La medalla de oro de Río representa la conquista de un sueño que perseguí durante mucho tiempo”, recuerda.  “Ese podio olímpico no sólo marca el punto más alto de mi carrera, sino que está ligado a las elecciones más importantes de mi vida”. El deporte, se sacará como conclusión de la lectura, le costó un matrimonio, otras parejas y alejarse de sus hijos. Pero también le dio la posibilidad de recorrer el mundo y hacer amigos en todos los puertos visitados. “Sé que las decisiones que tomé afectaron mis relaciones. Hubo épocas en que pasaba nueve meses por año viajando por el mundo, compitiendo. Entiendo lo difícil que resulta mantener una pareja con ese ritmo. Hace tiempo que estoy solo. No es algo que haya buscado”.

Viento parece a la vez un intento por descubrir quién fue ese padre severo al que le dedica casi la mitad del libro y al que volverá a mencionar de manera persistente. De hecho, el primer capítulo en el que lo referencia se titula Disciplina en casa, libertad en el río: “En el agua, donde siempre pasé las mejores horas de mi vida”. Enrique Jorge Lange era obsesivo por el orden. Cada noche ordenaba a sus hijos que dejen los armarios limpios y la ropa preparada para el día siguiente. Solía darse una vuelta para confirmar el cumplimiento de su orden. “Alguna vez tiró el contenido de los roperos al piso y nos obligó a acomodar todo de nuevo”. Cuando Enrique Lange llegaba de trabajar debían estar todos dispuestos a cenar en una mesa “ordenadamente perfecta”. Antes de comer les revisaba la limpieza del pelo y las manos. Dormía siestas y no estaba permitido jugar en el jardín de la casa para no molestarlo con ruidos. Imponía formas de vestir: camisa dentro del pantalón, pelo corto y mocasines. Los amigos de Santiago y de sus hermanos le temían, recuerda el regatista. “Jamás nos gritó ni apeló al castigo físico, se imponía con su mirada y sus formas castrenses”.

Enrique Lange era un liberal de la Marina y antiperonista. Fue suplente en vela del equipo argentino de los Olímpicos de Helsinki, en 1952. Nunca habló con su hijo Santiago sobre aquella experiencia. “Tampoco llegué a hablar de tantas otras cosas”, suelta Lange. “No me buscaba ni se preocupaba por saber en qué andaba”. “Pero me enseñó a ser responsable, comprometido y respetuoso”. Sin embargo, recuerdan en la familia, Santiago era el preferido entre sus hijos. Tal vez porque ambos amaban la navegación.

En los 70, Enrique Lange solía tener fuertes discusiones con otro de sus hijos, Martín, rugbier del SIC y voluntario social. “Mi hermano le cuestionaba su condición de marino y gerente de una empresa multinacional, dos instituciones a las que consideraba garantes de un sistema injusto que oprimía a los pobres”, cuenta Santiago Lange. Uno de los mejores amigos de Martín, Alejandro Sackman, desapareció en dictadura. En esos mismos años, Enrique Lange -directivo de Renault- había sufrido un atentado. Iba armado y con custodia. Dos policías que cuidaban su casa fueron baleados el 13 de mayo de 1976.

A principios de los 80 Santiago se fue a estudiar a Inglaterra. Tenía 19 años y soñaba con navegar. Pero las noches en Southampton, donde vivía, se le habían vuelto peligrosas por su condición de argentino en plena Guerra de Malvinas. Un cáncer acabó con la vida de su padre. Pero a Santiago Lange el recuerdo siempre le pesó: “Necesitaba la aprobación de mi padre”, insiste. Y le dedicaba sus primeros triunfos deportivos. Le llamaban “el alemán Lange”: “Un homenaje a mi padre”. También pensó en él cuando ganó su primera medalla olímpica.

Lo que siguió fue asentarse en su carrera deportiva entre problemas de dinero y con la dirigencia del deporte argentino. Empezó a competir con Camau Espínola e hicieron una dupla de primer nivel. El poco tiempo que pasaba en Buenos Aires, y ya divorciado, lo compartía con sus hijos en un barco que funcionaba de hogar. Pudo haber sido político pero prefirió seguir navegando. El tiempo le dio la razón. 

Tanto que, ya veterano para el común del deporte, se puso como meta los Juegos de Río. Entrenadores y amigos le daban ánimo de sobra: “Me decían que era ridículo volver al olimpismo a esta altura de mi vida”. Pero siguió. Su pasión por el deporte no se terminaba pese a la edad. Incluso compitió en Europa con Carranza y con dos de sus hijos. “Una mujer de 27 años, dos jóvenes de 19 y 26, y yo, con mis 52”, ironiza en Viento.

“Siempre me gustó analizar las victorias con el mismo rigor que las derrotas. Si uno no se deja marear por el resultado, el éxito puede dejar enseñanzas valiosas”, le dice a Cassese. Entre esos triunfos, cuenta el que consiguió ante el cáncer. 

“Todo se registra pero jamás se hace balance. Y ahora llega la obligación del balance”, le escribió Franz Kafka a Hermann Kafka, su padre. Se lee en su duro y clásico Carta al padre. Algo de eso hay en Viento.

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martes, 23 de marzo de 2021

SANDRA MIHANOVICH: GRACIAS TOTALES

 



Acaba de estrenar una canción de puro optimismo que se llama Un buen día. Es una de las referentes de la obra de teatro Brujas, ya un clásico de nuestra cultura. Y se convirtió en un ícono de la música nacional. En charla repasa su carrera y su vida y habla de sus proyectos.


(Por Alejandro Duchini) Hagamos memoria: ¿cuántas canciones en la voz de Sandra Mihanovich le pusieron música a nuestro país y a nuestras vidas en los últimos cuarenta años? Soy lo que soy, Honrar la vida, Puerto Pollenza, Todo me recuerda a tí, Me contaron que bajo el asfalto son apenas algunas. La lista es más extensa. Y ejemplifiquemos con el poder de una canción; más cuando esa canción la canta ella. Con Honrar la vida -de Eladia Blázquez- no falta quien encontró un impulso para ser como quiere ser. La misma Mihanovich fue quien quiso ser cuando tuvo que plantar bandera en el campo del amor. No le importó el qué dirán y se honró a sí misma con su honestidad brutal. Se codeó con algunos de los músicos más importantes y no en vano fueron ellos los que la buscaron. 


-Aunque la letra sea de Miriam Durán, ¿qué sentís al cantar Un buen día, una canción nueva que acabás de presentar?

-Me da mucha felicidad. Es una canción optimista que me llena de alegría. Miriam Durán me contó que pensó en mi al hacerla.


-¿Cómo ves a la Argentina y al mundo en general en materia de derechos humanos? Te lo pregunto porque sos una luchadora por las libertades individuales. También de los derechos de las minorías. De hecho, la libertad vuelve a ser uno de tus lemas en “Un buen día”.

-Argentina es un país que siempre está luchando y aprendiendo; equivocándose y metiendo la pata. Hay muchas cuestiones muy logradas como el matrimonio igualitario, el derecho al aborto. Hay avances. Pero nuestro país es grande y hay libertades y derechos que no siempre se respetan. Siempre estamos aprendiendo. Tenemos cosas buenas y cosas malas.


-Leyendo comentarios de los oyentes en redes sociales se percibe que hay un afecto enorme hacia vos. ¿Por qué creés que se produce?

-Hay un afecto lindo de parte de la gente. Creo que tiene que ver con muchas cosas. En parte con la música, que es sanadora y genera un vínculo con la emoción, con el recuerdo. La música nos acompaña siempre y estar vinculados a través de la música genera un afecto enorme. Por otro lado, en mis 45 años de carrera he sido consecuente con las cosas que pensaba e hice. Tenemos un país que cambia tanto de opinión, que va para un lado y para otro, lo que no está mal, porque vale cambiar de opinión. Pero cuando hay gente que camina siempre el mismo camino creo que se genera empatía. A uno le gusta eso.


-Soy lo que soy es ya una canción popular. ¿Podrías hacer un recorrido por esa canción y contar en qué te marcó a vos y en qué creés que marcó a muchos?

-Es una canción liberadora. Es un himno. Tuve la suerte de conocerla en el ‘84 y entender que la podía cantar en mi idioma. Es una canción popular, icónica, que a la vez nos incluye a todos. Es la canción inclusiva por naturaleza. Por eso me marcó a mi, nos marcó a tantos. Es una canción que no pierde vigencia, es una canción atemporal. Y la seguiremos cantando por siempre. Nosotros y los que vendrán.


-¿De dónde o cómo sacaste fuerzas para expresar tu elección sexual en tiempos de cuestionamientos a las libertades?

-Las canciones y la música fueron mi baluarte para decir y hacer lo que sentía. Siempre pude decir lo que pensaba a través de la música, de las canciones. Es una forma muy maravillosa de decir lo que uno siente. Con el tiempo fui aprendiendo muchas cosas. Sigo aprendiendo hoy. Me siento agradecida porque tuve las oportunidades de decir lo que sentía sin decirlo, sino cantando.


-Fuiste parte de la revolución musical de los 80, con Malvinas y la vuelta de la democracia. ¿Qué te dejó esa vivencia? ¿Cómo la recordás?

-Los años ‘80 fueron muy particulares por muchos motivos, pero especialmente por la guerra de las Malvinas. El 2 de abril del ‘82 desapareció la música en inglés de las radios y eso nos dio a todos una difusión inesperada, impensada, improbable. Entonces nuestra música pasó a escucharse mucho. No sólo eso, sino que el sentido de argentinidad se expresó a través de la música. Por eso tantas bandas, tantos solistas, tantas canciones que aún hoy están vigentes y que tienen una carga emocional tan particular. Ojalá podamos mantener esa carga emocional con nuestra música. Tengo la felicidad de tener un programa de radio que se llama Soy Nacional y a través de ese programa doy a conocer y difundo música de toda la Argentina. Eso me hace feliz. Siento que el espíritu de los 80 se mantiene, desde el punto de vista de la argentinidad, en nuestro programa.


-Ese movimiento fue también muy disímil: estaban Charly García, Miguel Abuelo, Luca Prodan, Víctor Heredia y hasta Piero o Alejandro Lerner, además de vos. ¿Los estilos musicales hoy están tan divididos? 

-En los 80 la música estaba un poco más mezclada. Los géneros estaban contenidos dentro del rock nacional, que de alguna manera era la música que definía nuestra argentinidad. Creo que hay un montón de géneros pero cada vez más está claro que la música es una sola. Podemos buscar etiquetas, pero no son definitorias, explicativas, o no muestran nada diferente. Creo que la música en nuestro idioma tiene la característica de estar atravesada por el rock, por el folclore, por el tango, por el jazz. Y toda esta música se plasma de acuerdo a la identidad de cada artista y cada artista toma de cada género lo que necesita para mostrarse y decir quién es.


-Al homenajear a Luis Alberto Spinetta en tu programa Soy lo que soy, elegiste interpretar Será que la canción llegó hasta el sol. ¿Cuál fue el motivo de tu elección?

-Me parece que esa canción es bellísima. Y siento que él llegó hasta el sol. Por eso elegí esa canción de Spinetta. Es una canción sencilla, que puedo tocar con la guitarra, y es una muestrita pequeña de la belleza del universo spinetteano y yo creo sin dudas que Spinetta llegó hasta el sol.


¿Cómo se conjugan en vos el periodismo, la actuación y la canción?

-No sé si se conjugan el periodismo, la actuación y la canción. Yo soy una cantante y mi vida y mi eje y mi manera de expresarme tienen que ver con la música. Desde el lugar de la intérprete es que me animé a actuar y porque se me cruzó en la vida una persona como Alejandro Doria, quien y me llevó a trabajar como actriz en televisión y cine. Con los años entendí que actuar era jugar a ser otra persona. Y ahora, en esta última época de mi vida, aparece esta oportunidad de hacer una obra de teatro icónica, inteligente y maravillosa como Brujas y me atreví a subirme al escenario sin cantar, sin que hubiera ninguna música salvadora y lo disfruté mucho. Y definitivamente no soy periodista. Tengo un programa de radio porque disfruto de la música y desde mi lugar de cantante y de música puedo habilitar otros músicos y otras músicas y otros cantantes. Me gusta conversar con ellos pero estoy lejos de ser una periodista. De todas maneras tengo que confesar que alguna vez en Cosquín, haciendo cosas para Radio Nacional, tenía una tarjetita que decía “periodista” y me dio bastante impresión. Pero la periodista es la mama; no soy yo.


¿Quién es hoy esa chica que a los 4 años cantaba en un sótano incentivada por su abuelo y que se convirtió en una referente de nuestra cultura?

-Creo que soy una mujer muy feliz. Me tocó nacer en una familia de música, lo que me generó felicidad y me ayudó a transitar la vida de otra manera. Le agradezco a la tía Sonia que me haya enseñado a cantar esas canciones de jazz cuando tenía cuatro años. Y le agradezco a la familia la posibilidad de tener la música en mi vida. Indudablemente siempre supe que quería cantar. Lo decidí al terminar la escuela secundaria. Pero esta vida me ha llevado por caminos sorprendentes y mucho más lejos de lo que jamás hubiese soñado. Ser una referente de nuestra cultura es el premio más grande que pude tener en la vida.


¿Una canción que quieras cantar y que todavía no cantaste?

-¡Montones! No sabría darte el nombre de una sola. Son un montón. Cada canción que escucho y me parece bella me dan ganas de cantarla. Creo que nunca se van a agotar las canciones por cantar.


-¿Cómo anda Sonsoles?

-Está bien. Peleándola siempre. Es una guerrera, una luchadora. Su vida, sin dudas, no es fácil. Es complicada. Se atraviesan cosas en el camino que le complican a veces la vida. Pero nuestra relación es hermosa. No puedo dejar de agradecerle la oportunidad que me dio de formar parte de su vida. Es una oportunidad maravillosa y milagrosa que me hace sentir una mujer feliz.


-¿Qué cosas cambiaron en tu vida, tanto en lo físico como en lo espiritual, tras donarle un riñón?

-En lo físico no me cambió nada. Sigo viviendo, comiendo, cantando, haciendo deporte. No tuve que alterar nada de mi vida tal cual la vivía antes. Se puede vivir perfectamente con un solo riñón. En lo espiritual cambió todo. 100 por 100. Ese 13 de agosto de 2012 pasé a sentir que había formado parte de un milagro. Tomé conciencia plena de que cuando se da se recibe más que lo que se da. Mi vida se potenció absolutamente. Mi vida está llena de amor, llena de alegría y llena de agradecimiento. De hecho tuve la necesidad de tatuarme la palabra “gracias” en el brazo porque no me alcanzaba solo con decirlo. Me despierto cada mañana con un “gracias” enorme. Eso tiene que ver con esa extraordinaria oportunidad de donarle un riñón a mi ahijada, Sonsoles.


-Solés difundir los deportes y especialmente al fútbol femenino. ¿Por qué?

-Me parece que merece difusión. Porque si hay algo machista en la Argentina, y probablemente en el mundo, es el fútbol. Me llama la atención que viviendo en la Argentina, un torneo internacional como la Copa Libertadores de América, donde compiten equipos importantes del país, no haya absolutamente ninguna información en los diarios de cómo va la cosa. No digo que informen a cuatro páginas y a todo color. Digo que en la agenda de tv pongan “Hoy juega Boca la Copa Libertadores de América contra tal equipo”. Que pongan la información, nada más! Me parece que es lo mínimo que corresponde para un evento de semejante magnitud. Pero como nadie lo hace, me puse la camiseta, y me gustó hacerlo. Estoy orgullosa de las futbolistas y de todo lo que han logrado y me parece que lo merecen.


-Se percibe un gran cariño de la gente en general hacia vos. ¿Por qué creés que pasa eso?

-Creo que la gente tiene afecto y empatía conmigo porque mis canciones, sin dudas, se han compartido. Las canciones tienen que ver con la vida de cada uno y con las emociones y todo se puede a través de la música. Agradezco el afecto que recibo y siento que es un ida y vuelta hermosísimo.


-¿Cómo ocupás estos días?

-Estoy trabajando en Brujas y grabando canciones. Proyectamos un recital presencial, tratando de ver cuál es el mejor momento. Brujas seguirá mientras la gente se anime a venir al teatro. Sólo puedo agregar que soy una mujer muy agradecida por las oportunidades que tuve en la vida.


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sábado, 7 de noviembre de 2020

EL PEPE DEL SUR



Si José Sand jugase en Boca o River hubiese sido la noticia destacada de los últimos días. Los dos goles que hizo para que Lanús le gane al San Pablo 3 a 2 en la ida por la Sudamericana y el del inicio del torneo argentino en la caída ante Boca (1-2) muestran lo demoledor que es en el área. Casi convierte en la revancha de la Sudamericana, en Brasil, donde pese a la derrota por 4 a 3 su equipo clasificó de manera heroica. En ese equipo que alegra a los hinchas, Sand es fundamental. Tiene la virtud que no le debe faltar a los goleadores de raza: estar parados en el lugar correcto y en el momento correcto. A los 4o años, el correntino ratifica su vigencia.

Nacido en Bella Vista, Corrientes, el 17 de julio de 1980, es de los más veteranos del fútbol argentino. Debutó en Primera jugando para Colón de Santa Fe en 1999, por lo que pertenece a una generación de jugadores argentinos marcada por los Riquelme y antecesora de los Messi. Tiene un físico privilegiado y su condición de ídolo de Lanús lo coloca como titular indiscutido. Con 40 años, 3 meses y 14 días, el gol (con la mano) que le hizo a Boca lo convirtió en el más veterano del fútbol argentino en marcar en un torneo local. Detrás quedó Ángel Labruna, quien tenía esa marca desde un partido de 1958 en el que le anotó a Rosario Central con 40 años, un mes y 14 días. 


Sand tuvo tres etapas en Lanús. La primera empezó en 2007, tras su paso por River y Colón. Fue goleador del Apertura que ganó el equipo dirigido por Ramón Cabrero. Quince goles suyos ayudaron a que Lanús fuese campeón de Primera División por primera vez. Además, la participación en la Copa Libertadores. Sand siguió haciendo goles y dos años después se fue a jugar a Emiratos Árabes, España y México. No le fue bien en Racing, a donde llegó en 2012 como el jugador mejor pago del plantel. De entrada se puso al hincha en el bolsillo con dos goles a Independiente pero su estrella se apagó. Le siguieron Tigre, Boca Unidos y Aldosivi. Alguna vez dijo que en esos años se consideraba un jugador retirado.


Su segunda etapa granate se inició en 2015. Hizo goles y hasta fue parte del inolvidable Lanús campeón que le ganó la final del 2016 a San Lorenzo. Ese mismo año Lanús ganó la Copa Bicentenario ante Racing y al siguiente la Supercopa Argentina frente a River. 


La tercera, tras pasar por el Deportivo Cali, comenzó en 2018 y tiene fecha de vencimiento. En 205 partidos con Lanús hizo 130 goles y es el máximo goleador del club. Una marca impresionante si además se tiene en cuenta que anotó 272 goles en toda su carrera.


En julio firmó contrato por un año más. Su condición de ídolo no lo aleja de las diferencias con los dirigentes. Hubo choques y el último fue por la duración del nuevo acuerdo. La dirigencia encabezada por el presidente Nicolás Russo quería acordar por seis meses y el jugador por un año. Ganó, pero avisó que en 2021 se retira. Lo cansa, dice, tener que sentarse a negociar su futuro cada seis meses.


En Lanús logró lo mejor de su carrera. Sand tiene ese destino raro que se les cruza a determinados jugadores que no pueden afianzarse en los poderosos. Su prometedor pasado goleador en las inferiores de River no lo pudo ratificar cuando llegó a la Primera ni tampoco en Racing. Como contrapartida, se metió en el corazón del hincha de Lanús. Allí parece haber encontrado su lugar en el mundo.


Hoy no sorprende que Lanús avance en la Sudamericana. Es uno de los equipos que mejor juega en el campeonato argentino. Como institución consiguió un sólido sentido de pertenencia barrial, donde Independiente y Racing -los grandes del sur bonaerense- tenían incidencia y el Granate era el segundo equipo, el del barrio. Ahora los pibes eligen “ser de Lanús” y compran camisetas con el nombre de Sand. 


Desde 1992, cuando Lanús regresó a Primera tras vivir un largo período de pesares, inició un gran trabajo en divisiones inferiores. No invirtió fortunas en jugadores estrellas sino en formar a los propios. Leandro Gioda, Agustín Pelletieri, Rodrigo Archubi, Cristian Fabbiani, Diego Valeri, Lautaro Acosta, Eduardo Salvio y Pedro de la Vega, entre otros. Lo mismo pasó con los entrenadores. Ramón Cabrero y Luis Zubeldía son el ejemplo. 


Tras su gran noche en Brasil, Lanús deberá viajar a Córdoba este lunes para enfrentar a Talleres por la segunda fecha del torneo. La derrota del debut ante Boca lo obliga a ganar para no perder terreno en el Grupo 4, que completa Newell’s. Tiene con qué. Y tiene a Sand.

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miércoles, 5 de agosto de 2020

LA BIBLIOTECA DE ALBERTO SALCEDO RAMOS


Amigos: volvimos con las bibliotecas. No siempre en directo. Esta vez hicimos un Skype hermoso como un chocolate caliente en invierno con el gran Alberto Salcedo Ramos. Desde Colombia mostró su enorme biblioteca, para lo que tuvo que caminar y hablár más de la cuenta. No una sino varias habitaciones repletas de libros geniales. En la previa era media hora. Al final, fue una hora. Acá va el video.

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viernes, 10 de julio de 2020

¿SE PUEDE ELEGIR UNA MADRE?


¿Se puede elegir una madre? Elegí una, hace mucho tiempo. Cuando murió mi mamá yo tenía 15 años y una soledad típica de adolescente. Sentía que el mundo me debía algo y que encima me estafaba. Pero por suerte estaban mis otras madres: mis tías. Entre ellas, mi tía Susana, que hoy cumple años.

No recuerdo si alguna vez se lo dije pero la elegí como una segunda madre. Creo, en verdad, que nos elegimos. Ella, con tres hijos, nunca me olvidó: jamás me dejó solo. No digo que fui su cuarto hijo, pero sí que fui “como su hijo”. 

Pasaron los años y ahí estamos. Nos vemos más o menos seguido pero nos hablamos un montón. Conoció a mis hijos. Me prestó una cama alguna noche en la que estuve solo después de mi divorcio y me ayudó a armar el rompecabezas de mi infancia o de mi familia más cercana: mi papá también se fue antes de tiempo y me dejó silencios. Muchos “de eso no se habla”.

Algunas de esas cosas ahora las sé por mi tía Susana. Quiero saber más de mi propia historia y alguna vez nos sentaremos a hablar en concreto. Saberla testigo directo es un respaldo. Tener identidad o conocer de dónde venimos, un alivio.

La recuerdo en su casa de Lanús con mi tío Franco, cuando yo era chico y ellos no tenían hijos y me cuidaban si mis viejos salían a pasear. La goleada de Argentina a El Salvador en el Mundial 82 la ví en su casa de Lanús. Como no tenían muchos ingresos, se las arreglaban con el sueldo de colectivero de mi tío. Él me hizo una máscara de tela que aún recuerdo porque no había plata para una de plástico. Con esa máscara casera me llevaron a un carnaval de Lanús. Esa noche, nunca me solté la mano de mi tía. Esa misma mano que, de alguna forma, aún tengo tomada.

Después se mudaron a las torres de Wilde. Mis padres también pudieron comprarse un departamento ahí, en cómodas cuotas, pero prefirieron seguir en la Capital. Sin embargo, nunca me faltó un colectivo 98 para ir a visitarlos. Me tomba el 86 en Liniers, me bajaba en Once y me subía al 98 interno 116 para verlos.

Fue en la casa de mis tíos donde regalé mi colección de muñequitos originales de Star Wars a mi primo Sebastián. Yo tendría 15 o 16 años y me sentía grande para esos muñequitos que hoy extraño. Las cosas mejoraron y abrieron su propio negocio. Mi tío Franco laburaba de la mañana a la noche sin parar y sin descansar. Hasta los domingos. Y eso a pesar de los dolores tremendos en la columna. Nunca bajó los brazos hasta que hace dos años una enfermedad lo tiró abajo. Ahí también estuve con ellos. Estuvimos.
En la casa de mi tía todos son de Independiente menos mi primo Sebastián, que es de Boca por herencia de su padre. No existen las familias perfectas.

Ahora que hay cuarentena cada tanto hablamos por cámara web. Mi hija Malena le cuenta su vida y le muestra sus juguetes. A Malena le explico que esa tía “es como mi madre”. Supongo que así lo siente: “Es lo más parecido a una madre que tengo”, le digo con alegría. Con la alegría de saber que está a pesar de los tiempos y momentos vividos. Feliz cumple, tía. Te quiero.

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viernes, 5 de junio de 2020

EL FÚTBOL NO TUVO LA CULPA, BOB



Bob Marley murió el 11 de mayo de 1981 y dejó un legado artístico que lo ubica entre los artistas más grandes. Pero más allá de la música, su otra pasión era el fútbol. De eso se trata el texto que sigue. Acá, la nota publicada en Página 12.


“Lo normal era que nos viéramos por la mañana y fuéramos a jugar al fútbol o a la playa”. Allan “Habilidoso” Cole fue tal vez la máxima estrella del fútbol jamaiquino y uno de los íntimos amigos de Bob Marley. Cole recuerda la pasión futbolera del músico fallecido el 11 de mayo de 1981 en Miami ante Roger Steffens, autor de Tanto que contar, biografía imprescindible sobre el rey del reggae que publicó la editorial Malpaso en español y que llegará a la Argentina en el segundo semestre de este año. El trabajo repasa con relatos corales y archivo propio -Steffens es la persona que más material tiene al respecto- la vida de Robert Nesta Marley.


Además de su carrera como futbolista nacional e internacional en los Estados Unidos y Brasil, Cole se convirtió en organizador de giras de Marley. “Hubo una temporada en que me metí en un equipo de fútbol con un colega llamado Gary Hall. Y el tío estaba metido en el negocio de la música. Gary fue probablemente uno de los primeros jamaicanos que trabajó para la BBC en Londres. En ese momento, estaba empleado en Dynamic Sound, como mánager general. Así que yo fiché por su equipo, Real Mona, por una temporada. En ese momento, Bob y yo, junto a un par de tíos más, comenzamos a echar partidos contra ellos. Trajimos un equipo de Trench Town, y ellos vinieron del este para enfrentarse a nosotros”, Cuenta Cole acerca de sus vínculos futboleros con Marley.


En el libro de Steffens abundan datos conocidos y de los otros. Perfecto rompecabezas en base a 74 entrevistas que deja en claro por qué fue uno de los artistas más influyentes de la historia. “Marley se convertiría en una especie de Che Guevara de la cultura popular”, resume Steffens.


Los amigos de Marley recuerdan su lado futbolero en cada país que visitaba. Antes o después de sus recitales jugaba a la pelota con sus compañeros de banda y demás integrantes de su comitiva. A veces sumaba el boxeo. Su compañero y cocinero personal Gilly Gilbert dice: “Conocí a Bob a través de su música. De crío no paraba de comprarme música, y para mí era todo un referente. Yo era bueno jugando al fútbol. Ligas escolares. Y jugué también en los juveniles de la selección, representando a Jamaica. Tenía la fiebre del fútbol, y se me daba bien. A Bob le gustaba cómo trataba el balón, mi estilo. Yo iba al grano como jugador. Y era muy físico, me encantaba ejercitarme, y él también apreciaba eso mucho. El fútbol y la música fueron nuestros puntos de conexión. Una suerte para mí vivir y comer con él, y beber y fumar y darle a la pelota juntos…”.


Rita Anderson, su primera esposa y madre de algunos de sus hijos (se cuentan 22 con los extramatrimoniales: ni Maradona se atrevió a tanto), lo describe “volcado con la música y el fútbol”. “Le pasaba lo mismo con el balón, se cegaba si iba a por él, y le daba igual lo que hubiera en medio, él iba a tener el balón en los pies”, lo cuenta otro de sus amigos. 


El fútbol era además una herramienta para mantenerse en forma y bajar el estrés. Pero después del atentado sufrido en su casa el 3 de diciembre de 1976 la mejor manera de recuperarse del susto fue irse a vivir a Londres. Ya era una celebridad. En Tanto que contar se recuerda que nunca pudo superar aquello y que su salud comenzó a empeorar.


Hay dos hechos específicamente vinculados a Bob Marley, el fútbol y el cáncer. Algunos lo utilizaron para exagerar con que el fútbol mató a Marley. Pero la realidad es distinta. Escribe Steffens: “La primera parte de la gira de Exodus, ambiciosa en su pretensión de ir por el mundo, ocupaba el verano y el otoño de 1977, y arrancaba en Francia. Pero, entonces, Bob sufrió una grave lesión cuando un periodista francés le pisó accidentalmente el pie en el fragor de un partido de fútbol. Esto llevaría a un descubrimiento terrible que terminaría parando en seco la gira”. Y agrega Gilly Gilbert: “Justo antes de que comenzara la gira de Exodus, se lesionó un dedo en París. Durante al menos un par de años tuvo una uña llena de sangre y no hizo nada para arreglarlo. Hasta que no le pisaron, tampoco había cojeado ni nada. Pero cuando ese tío le plantó la bota encima, eso se agravó. Estuvo yendo de gira durante un mes más o menos, unas seis semanas. Daba saltos y brincos, aunque llevara el dedo vendado, así fue la gira europea del 77. Era como un león rabioso. Le dieron una funda para que se protegiera la herida si jugaba el fútbol, era como una esponja. Y siguió jugando al fútbol”.


El guitarrista Junior Marvin también hace memoria: “Bob primero se lesionó en Jamaica, jugando al fútbol. Él mismo se curó y la cosa empezó a ir a mejor”. La Miss Mundo 76 y ex pareja de Marley, Cindy Breakspeare, dice: “El tema del pie fue un caso clásico de cabezonería, y él no le dio tiempo para que se curara del todo. Estuvo aplicándose varios remedios, un montón de ungüentos, y se suponía que teniendo el pie en remojo iba a curarse. Pareció que sí iba a mejor, y luego creo que en París se puso a jugar al fútbol, y alguien le pisó justo ahí con los tacos. Y fue como volver al punto de partida, y al fin y al cabo creo que todo se debió a que nunca dejó que esas células se curaran del todo”. 


El doctor personal de Marley, además de amigo, Carlton Fraser, zanja la cuestión: “Se trataba de una antigua lesión. La primera evidencia de esa herida se produjo durante un golpe en un partido de fútbol jugado en Boys’ Town. Creo que todo el mundo pensó que no era más que una herida superficial, y luego, como tres años después, la lesión reapareció, con dolor e hinchazón. Llegó la recaída en Francia, cuando prácticamente le aplastaron el mismo dedo del pie, porque un rival le clavó los tacos de hierro. No pudo continuar jugando y, debido al dolor persistente, se le sometió a una intervención. Si la herida en el dedo fue el detonante de todos los síntomas, como por ejemplo un dolor agudo, o si se trataba de una lesión anterior descuidada bajo la uña, no está claro, pero sin duda eso se renovó”.


La opción médica que le plantearon era la amputación del dedo pulgar derecho. Pero Marley se negó. Un injerto con piel del muslo fue la solución provisoria, aunque el músico y su entorno pensaban que sería permanente. El injerto se hizo en 1978, en Miami. Mejoró tanto que pronto volvió a jugar al fútbol. Cada gira tenía una exigencia: debían prepararle un lugar para jugar y conseguirle un equipo rival.


El otro acontecimiento Marley-fútbol-cáncer se produjo a comienzos de los 80 en el Central Park. Jugando a la pelota “le dio un ataque del tipo epiléptico, soltando espuma por la boca”, recuerdan testigos. Su amigo Cole lo levantó y lo llevó a un hospital. Era el principio del fin.


El doctor Lowell Taubman confirmaría después que “Bob Marley murió de un melanoma maligno con metástasis que se originó en el pulgar de su pie derecho”.


Allan Cole fue uno de los que se reunió con el médico para conocer el panorama. “El cáncer de Bob Marley está más extendido de lo que he visto nunca en nadie. Si Bob Marley hubiera hecho caso, y se hubiera cortado medio dedo al descubrir el cáncer, habría acabado enterrándonos a todos”. Hablaron con Bob, se cancelaron los shows y empezó la quimio en Nueva York. Su ánimo cambió totalmente. Perdió peso y otros lo recuerdan pelado, ya sin sus características rastas. 


Para el 1 de mayo estaba físicamente irreconocible y callado, como ido. “Cuesta arriba, ayúdame a subir, cuesta abajo, no me dejes”, recuerda su hijo Ziggy Marley que le dijo antes de morir, hoy hace 39 años. Más de un millón de personas asistieron a su sepelio. 


Hay quien sostiene que su último partido fue en Miami, contra un equipo haitiano. Bob jugó para el América Jamaica United. Como siempre, la rompió. Pero eso ya entra en los mitos que, si nos descuidamos, dirán que jugaba mejor que Messi. La historia del final, entonces, se confunde. Sus allegados cuentan que, aunque con recaídas, cuando le volvía el optimismo salía a caminar y pateaba alguna que otra pelota. Después ya no hubo nada qué hacer. Los problemas físicos lo fueron consumiendo. Eso sí, sus amigos recuerdan que en sus últimos días nunca le faltó “la hierba”.


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